LAS BIBLIOTECAS DE LA NUEVA ESPAÑA

Las bibliotecas empezaron formar con los libros traídos en las maletas de los humanistas y estudiosos desde el siglo XVI. Desde 1540, en Tiripitio, y en 1545 en Tacambaro, Fray Martín Alonso instaló sendas bibliotecas.

Cuando Vasco de Quiroga murió en 1565, dejó 626 libros, unos mapas y cartas geográficas. Además cada escuela y convento, formaba su propia biblioteca. La de la escuela de jesuitas, en San Pedro y San Pablo era una de las más grandes; Su elaborado índice en 1769 estaba compuesto de 671 páginas. Había copias en el cuarto de los Padres: en la del Padre Cadalso 5,968 fueron encontradas y en del ministerio del Padre 1,824.

Había también bibliotecas particulares con una cantidad y calidad muy rica, como la del estudiado Carlos de Siguenza y Gongora, en donde había manuscritos inidos y libros acerca de America, Sor Juan Inés de la Cruz, quien contaba con más de 4,000 volúmenes ( por cierto Sor Juana se vió forzada a vender su biblioteca en 1690 para ayudar a la gente dañada por la peste y hambruna ese año).

La actual biblioteca Palafoxiana de Puebla, fue formada del montón personal del obispo Palafox, que se calculaba en 6,000 copias. También el Padre Pichardo tenía una cantidad similar de volumenes. En 1789, los canones Don Luis y Don Cayeatano Torres, abrieron la biblioteca Turriana, junto a la cathedral de México, tenía una capacidad de 8,000 copias y fue la primera biblioteca pública del país.

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