DOCE HIJOS PARA LA PATRIA

Algunas mujeres mexicanas, cuando veían a su esposo muriendo en combate, se levantaban en armas y continuaban la pelea. Esto es lo que Agustina Ramírez hizo en 1859 después que el Sargento Siberiano Rodríguez sucumbió durante la toma del Puerto de Mazatlán. Agustina, una humilde mujer de una ciudad pequeña, de ancestros indígenas pobres e ignorantes, enterró con serenidad a su heroico esposo. Con la misma serenidad y armada con profunda convicción, fue con sus doce hijos con el jefe de las Fuerzas Republicanas y según la tradición le dijo: "Se los doy a usted, porque cuando la patria está en peligro, los hijos no le corresponden a los padres". Uno por uno los doce hijos empezaron a caer, uno por uno la madre comenzó a recibirlos en el hospital de sangre en Mazatlán, de donde enfrentaba con amor y caridad la invasión, cuidando a los heridos. La tradición cuenta que a la muerte de su último hijo exclamó: "¿Por qué Diós? No tengo otro esposo, ni otros doce hijos para continuar defiendo la patria de la invasión."

Algunos historiadores aseguran que en realidad un treceavo hijo sobrevivió, pero la verdad es que Agustina Ramírez murió pobre y olvidada. Algunos diputados aseguran que el congreso requirió concederle una pensión de por vida, pero las peticiones no fueran escuchadas.

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