TEOTIHUACAN, GLORIOSA CIUDAD DE LOS DIOSES,

Metropolis religiosa de México, brillaba con una incomparable luz hace dos milenios. Pero su caída sería tan brutal como brillante su ascensión. La ciudad que atraía a sus santuarios a las inmensas multitudes, se vió abandonada de pronto. Aunque hoy en día, su fin es un misterio asi como su nacimiento lo fue alguna vez. Según la mitología, los dioses construyeron sus piramides, en su momento crearon la del Sol y la de La Luna, el origen del mundo

En el gran llano de la alta meseta del Valle de México, una inmensa ciudad se elevababa, la más importante de los asentamientos Mesoamericanos Pre-Colombinos: Tollan Teotihuacán "ahí donde los hombres se vuelven dioses". Así es como le llamaban respetuosamente los aztecas, que como nosotros sólo conocieron sus ruinas. Su gran extensión-más de 30 kilometros cuadrados-, lo que queda de sus monumentos, sus porciones, su belleza, su disposición en espacio, la confirmaron como la capital del imperio, su nombre, como un lugar mítico.

Desde la parte de arriba de la Pirámide del Sol, las ruinas de Teotihuacán parecen extenderse a las fronteras del horizonte. Aunque estuviera enterrada tres cuartos, la Ciudad de los Dioses revela las estructuras básicas de la ciuidad sagrada, concebida y organizada según la estrictas leyes de calculos astronómicos.

¿Quién fundó, construyó y habitó Teotihuacán? ¿Que clase de factores precedentes produjeron una civilización que emergió repentinamente en una alta meseta poblada de tribus campesinas, que se rebelaron inesperadamente, singular y superior en sus ideas y logros e impregnaron cuantas civilizaciones siguieron? Las respuestas a estas preguntas son sólo hipótesis contradictorias. Ya no es suficiente, como en el pasado, hablar de un milagro que sucedió de la nada.

Primero, toda la situación geográfica se revela favorable a la expansión de la ciudad. Teotihuacán ocupó una excelente posición estratégica en la ruta que une de forma natural los valles de la Ciudad de México y Puebla, y que por el Este alcanzó las tierras bajas y tropicales de la costa del Gulfo de México, en el actual estado de Veracruz. Sus alrededores volcánicos proveían una gran cantidad de obsidiana, materia prima de importancia capital en la producción de productos esculpidos, instrumentos y toda clase de utensilios. Finalmente, el valle dominaba en aluvión, muy fértil con relativa abundancia de agua. La zona estaba poblada por campesinos indígenas, probablemente los Otomíes, que vivían en cabañas de adobe, creando poblaciones de cien a trescientas gentes, quizás aún más.

Sin duda, era cerca de una de esas ciudades que los fundadores de Teotihuacán empezaron probablemente a construir la pirámide del Sol, la construcción de lo que sería el más impresionante de los centros ceremoniales en México antiguo. De este modo, implantaron en una zona sumergida de la alta meseta, un gran centro de atracción, esencialmente religioso, y con la autoridad de un gobierno teocrático apoyado en un grupo de sabiduría, algo de lo que posiblemente contribuyó a mejorar la agricultura, especialmente con la práctica sistemática de la irrigación de la tierra.

En cuanto a la civilización, cuyo grado de perfección sorprende a todos ya que desde su tempranos inicios, no podemos decir que procede de la nada, ya que antes de ésta cultura otra se había desarrollado y era igual de enigmática: Los olmecas eran magistrales escultores de cabezas colosales o de pequeñas figuras en los más bellos y resistentes jades, los olmecas eran también constructores. Las ruinas de La Venta, con montes alineados en conección con sus plazas cuadradas, con la disposición del área ceremonial en un eje central orientado en el sentido Norte-Sur, presentan el esquema fundamental del futuro de ciudades Mesoamericanas.

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